Con tetas y no hay paraíso

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Desde hace ya algún tiempo, mi poco prolífica mente empieza a funcionar unos minutos antes de entrar en el primer estadio de sueño de la siesta. Justo cuando estoy tan atontada por el sueño que no puedo escribir y sabiendo que lo más probable es que todo lo que estoy pensando se me habrá olvidado cuando despierte. A veces rompo ese estado de adormecimiento y me levanto a por un papel y un boli y aunque ya he cogido la sana costumbre de dejarlos sobre la mesilla para al menos no tener que levantarme, después olvido que he apuntado cosas en esa libreta y otras veces cuando me la encuentro organizando la habitación, vuelvo a leerla y no encuentro sentido a la mayoría de cosas que puse.

Hoy apenas he dormido. La comida ha sido muy ligera y casi no me ha entrado sueño. No sé porqué he empezado a pensar en varias cosas. La primera en mi loro, un loro que formaría parte de mi pequeño eden; un eden, con su huerto, con árboles frutales, su fuente… Eso me ha hecho recordar el nombre que decidí ponerle el otro día a mi futuro loro: Gorbi, de Gorvachov; parte de mi familia siempre ha optado por poner a sus animales nombres de políticos comunistas, la mayoría rusos: Trosky, Putin, Mao … Otra parte de mi familia optaba poner por igual el mismo nombre a todos los gatos y perros que tuvieran: Curro.

Pensando en los pimientos de mi futuro huerto y en los que se han podrido en las macetas de la cocina, he llegado de nuevo a la idea recurrente de la semana e idea recurrente también de los últimos 15 años: la decrepitud de la vida y en esta broma que con suerte dura unos ochenta años.

He unido la idea de mi eden y de la huerta porque sé que a mi padre le encantaría volver a la suya, y por eso estoy pensando en alquilar una huerta cerca de casa.

Me preocupa la vejez de mis padres e incluso me empieza a preocupar la mía. Cómo puede ser más feliz la vida de alguien mayor? De alguien que ya no puede valerse por si mismo? Mi madre siempre nos hacía sentirnos culpables diciéndonos aquella frase de «vosotras seguro que me lleváis a un asilo!» La verdad es que no entiendo muy bien el por qué del miedo al asilo, aunque algo sospecho.

Cuando sea vieja, si llego, y no pueda valerme por mi misma, creo que si hay algo a lo que vaya a tener miedo será a dos cosas, una al aburrimiento y otra a la soledad. El aburrimiento me preocupa menos, supongo que porque ahora mismo es una cosa que me resulta muy dificil de conseguir. Con respecto a la soledad… eso es algo más complicado. Más que a la soledad tengo miedo a no estar en contacto con personas afines …

Antes de levantarme a escribir esto me ha venido otra idea recurrente de estos últimos años, la de incumplir todos los «sagrados diez mandamientos», desde deshonrar a mis padres, a desear al hombre de mi prójima y sus bienes ajenos… Bien, parece que relativamente los voy incumpliendo todos…

Había encadenado esta idea … pensando precisamente en si llevar a mis padres a un asilo de mala muerte me daría más puntos para  incumplir ese mandamiento en el que se habla de su deshonra… y pensaba también en que si yo voy a un asilo , para ese entonces habrá ya conexión a internet en todos ellos?

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4 respuestas a Con tetas y no hay paraíso

  1. En un asilo (con internet) no se tiene que estar mal. En general ser viejo es una ventaja, a no ser que estés muy petado. Firmaria por una jubilación anticipada, yeah!

  2. Pernan dijo:

    Jubilación anticipada en asilo con internet y con todas las temporadas en DVd de: Los Serrano, digo , Los Soprano, Mujeres Desesperadas, House, 20 metros bajo Tierra, Perdidos en la Isla, la de superheroes, Watchmen, Spiderman, Batman, todas las pelis que no he tenido tiempo de ver, todos los libros que no he tenido de leer, etc etc etc

  3. pitxo dijo:

    Yo creo que tendrás internet. Y los asilos, si pides plaza con tiempo, puedes estar bien. Tanto miedo al asilo! estar con gente de tu edad es lo q apetece… de todas formas, a veces es más barato pagar a alguien en casa q pagar un asilo. Jar!

  4. dk dijo:

    Yo espero que en el asilo nos enchufen realidades virtuales en el cerebro y en todo caso que nos pongan a tono con pastillitas mágicas. Y luego, como en la peli, «Cuando el futuro nos alcance» que han caldo starlux con nuestros huesitos… yummm

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