Por qué no escribo en mi blog
Domingo, Noviembre 14th, 2010Hace diez años me fui de casa. Me fui de casa gracias a una ayuda que sólo se da en el País Vasco, dentro de España y que antes se llamaba Salario Social y que ha ido cambiando de nombre a lo largo de los años. Esa ayuda me sirvió para huir de casa de mis padres que aún no entendían mi enfermedad. La situación en casa de mis padres para mi era insoportable y tener esa ayuda económica me sirvió básicamente para salvarme la vida.
Esa ayuda la regulan las asistentas sociales. La mía me dijo que en mi situación lo que tenía que hacer era pedir el grado de minusvalía. Para conseguir un grado de minusvalía que me sea rentable necesito conseguir un 75%. Todo eso para que me concedan después unos 300 euros de pensión. Sólo tengo dos informes médicos, uno de un hospital privado y otro de mi psiquiatra. Los abogados y más gente afectada con ENMI-SFC me dicen que con esos dos informes no conseguiré mucho porcentaje. En fin que lo que no sé es si al final o mientras lucho por el cambio de porcentaje seguiré manteniendo mi ayuda, el salario social.
Fui educada, educada no por mis padres si no por una sociedad que me decía que tenía que ser una mujer independiente económicamente y eso lo tengo muy metido dentro de mi. Está tan dentro que ha conseguido provocarme un grado de ansiedad y de depresión que hacen que un día tras otro no pueda evitar pensar en que si dejo de llegar a ser independiente económicamente, realmente no me merezca la pena seguir viviendo.
Vivo en una dicotomía personal, porque mientras intento llevar una vida “normal”, dentro de lo mal que me encuentro, no hay un sólo día en el que no pueda dejar de pensar en cómo desaparecer. Así que mientras por ejemplo me veo pensando en qué compra debo hacer para la semana, qué recados debo hacer, si le he de poner comida a los gatos… siempre hay alguna hora del día en la que pienso como morir. A veces pienso que me ahogaría con mis propias manos si tuviese fuerzas, tengo la rabia, pero no la fuerza; otras cuando voy a coger el metro, al oír el ruido de la llegada de los vagones, me agarro fuertemente al banco donde estoy sentada por si en algún impulso de la mente esta me conminara a tirarme a las vías.
Y mientras tanto sigo hablando y riendo cuando me encuentro con gente. Sigo teniendo “normal” una vida con mi pareja.
Y me siento confundida con esta doble vida.
El jueves tendré cita con mi psiquiatra, una nueva. No sé como voy a ser capaz de explicar, de resumirle todo esto para que me entienda. No sé si tendré que tomar más medicación para dejar de tener estos pensamientos suicidas que ya he tenido antes, pero cada pensamiento responde a una situación…
Quiero dejar constancia de esto, a pesar de que es algo muy personal, una de las cosas más personales de las que se puede hablar.
No sé si hablar de ello servirá para que mi situación cambie, o se calme. Pero me pregunto si alguien que vive sin haber pensado nunca en suicidarse, puede comprerder los motivos de alguien que sí lo piensa, y en el caso de no ser así, siempre me gustaría que pensase en ello, que comprenda.
A veces pienso que podría cambiar de forma de pensar, quiero decir, pensar que lo más importante es vivir, dejar que ahora me ayuden mi familia, mi pareja, que no me preocupase por el dinero, ese dinero que me da cierta independencia. Pero no es sólo el dinero. También mi salud ha empeorado, cada vez puedo hacer menos cosas y paradójicamente cada vez tengo más ganas de hacerlas. Tengo ganas de vivir pero no tengo las condiciones adecuadas para vivir.


