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Los domingos al sol (y siempre que salga el sol, al sol) II

Domingo, Noviembre 9th, 2008

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Cómo es domingo y hace sol, las terrazas están muy solicitadas, así que en vez de esperar a que alguien levante el culo, me voy directamente a la tienda de revistas para comprar el periódico y ver las revistas, que esas si que están ordenadas, menos mal. Además traen esos regalos que me tanto me gustan y que siempre se repiten. Bolsos y monederos a tutiplen. Otras regalan puertos usb o relojes, y descubro que hay un Muy interesante infantil (!!).  La revista de Barbie regala un par de alas todo por 2,90, pero la única persona a la que le gustan las alas en la familia ya tiene unas, así que paso de comprárselas. La revista de Ana Rosa regala un Minut maid, qué rollo, y por fin, una que al final me he comprado, regala un paraguas, que no necesito, pero quien sabe.. y una muestra de perfume. Esa es la mía.

Una revista de peluquería regala algo que al principio no sé que es; pienso que es una peluca de color, pero no! es otro monedero… y otra revista femenina regala otra cosa que parece una faja? pero no, es un bolso. Me quedo con la del paraguas.

Con mi revista y el periódico tengo suficiente para leer toda la semana, y además tengo el portátil, con esto podría estar entretenida en la calle todo un mes. Pero ahora me falta la mesa. Vuelvo a la plaza y tengo suerte, una familia entera se levanta y me dejan una mesa para mi sola. Y entonces invado todo con mi periódico , mi revista, el portátil… y unas chuches que me he comprado para amenizar la mañana.

El sol me da en la cocotera,  pero muy agusto que es sol de invierno, el camarero me pone un biter kas, las chuches se me derriten en la boca, y en un momento llego alcanzar una cuota de felicidad de las más altas de estos últimos meses.

* Si ponéis felicidad en google y buscaís en imágenes salen cosas muy curiosas, cómo la foto que he puesto más arriba.

Los domingos al sol (y siempre que salga el sol, al sol)

Domingo, Noviembre 9th, 2008

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Estamos en Noviembre y una de las cosas que más me gustan del otoño-invierno, además del catálogo de moda, es ponerme, como lagarta que soy, en una terraza al sol y atontarme ahí un rato viendo pasar al personal. Mis terrazas favoritas son las donde por supuesto pega, por las terrazas de sombra aún no me ha dado, y aquí en Bilbao las de la Plaza Nueva son perfectas, porque hay varias para elegir y porque además el ayuntamiento, muy sabiamente ha decidido poner wifi gratuito, ah y porque me pilla a tiro de japo, al lado de casa. Además los domingos hay un minirastrillo con libros de segundamano, cacharrería antigua, monedas y sellos, animales enjaulados y los jodidos niños con sus jodidos cromos para intercambiar. A pesar de eso, es un lugar agradable, si te gusta ver a gente, sobre todo familias enteras tomando rabas. A mi me gusta más ver a jóvenes musculados, vestidos de algodón y leyendo a Tolstoi, aunque fueran gays, sólo para recrear la mirada.

Hace años me divertía mirar los libros de segunda mano, por si encontraba algún libro curioso, interesante y barato. Ahora me pone nerviosa. Me gustaría ordenarle toda la mesa al librero. Qué hace todo aquello revuelto? además los libros unos encima otros sin poderse ver todos los títulos. Además me jode estar preguntando todo  el rato, no pueden hacer ese mínimo esfuerzo de colocar los libros al menos por temas? Voy a los de ciencia ficción, por ejemplo, y en medio de la mesa hay un montoncito, siempre al lado de los de Stephen King, de estos siempre hay unos cuantos. Pero justo al otro lado hay otro montoncito. Y ya empiezo a gruñir. Hoy he estado a punto de comprarme un libro de enfermedades renales por tres euros. Era bastante gordo y tenía muchas fotos, pero pesaba demasiado para llevarlo (ya llevaba el portátil) y al final lo he dejado. Además dentro de poco tendremos mudanza, y las cajas d libros son unas de las cosas que más pesan en las mudanzas. En realidad pesan lo que pesan pero nos parecen pesados porque como ya los hemos leído… y estaban ahí tan monos en la estantería, quien diría que iban a ocupar y a jorobar tanto, y aún así no me deshago de ellos.